Nunca había escuchado ese nombre y, seguramente, nunca lo volveré a escuchar. Si no es que alguien me preguntara dónde pasé la primera noche. Esto es, la primera noche de mi viaje.
En Norrga. Allí deje parte de mí. Con una palita, con la pequeña pala que llevo conmigo, enterré mi huella maloliente en la privacidad de un bosquecillo. No muy lejos de allí, dos pinos me permitieron colgar mí capullo -así llamo a mí carpa- de sus poderosos troncos.
Tolosa es una estación de ferrocarril en Argentina.
Es una localidad cercana a la ciudad de La Plata, conocida por sus talleres ferroviarios abandonados. Los alrededores de su estación son un parque
de maniobras poblado de viejos vagones y locomotoras castigados por décadas a la intemperie.
Norrga me recordó a Tolosa. Pero en vez de trenes, en Norrga envejecen decenas de remolques,semirremolques y algunos camiones.
Pero no envejecen con la triste belleza de los trenes.
Se parecen más a nosotros, los remolques.
