Me causa un poco de gracia leer lo que escribo. Es que, a veces, lo hago en un ton tan dramático que parece que fuera un explorador en territorios desconocidos y hostiles.
En realidad, voy al costado de un camino asfaltado y señalizado. El bosque que atraviesa se abre aquí y allá para mostrar la entrada a un caserío, una finca o un establecimiento industrial. Tengo cobertura telefónica casi todo el tiempo.
El desafío más frecuente es decidir si abandono la seguridad, y el tedio, del camino asfaltado, para seguir un sendero sin tráfico automotor pero sinuoso y probablemente alejado de toda presencia humana.
A menudo, me quedo cerca del asfalto. Pienso que seré más fácil de socorrer si me pasa algo. Así que, no, no soy ningún explorador.
