Si algo tengo en este viaje es tiempo, tiempo para pensar.
Y estuve pensando en lo que escribí ayer: que yo siempre me había precipitado a nuevas etapas en mi vida, sin pensar en causas o razones.
No es del todo cierto.
Casi siempre he sopesado ventajas y desventajas. No he sido impulsivo. Más que nada, he hecho lo que he podido de lo que he querido.
En ese contexto, el cálculo previo fue siempre un ejercicio vano, una
falsa concesión a la madurez.
