El hombre de la tintorería me miró sorprendido y dijo: “Esta es la primera vez que me hacen este encargo”.
Estoy en Växjö. Aquí hay piscina, centro de salud, farmacia. He encontrado una pensión barata. Y una tintorería. Me voy a quedar hasta el sábado.
He dejado mi mochila para que la laven. El viejo de la tintorería me prometió que va a estar lista en dos días. No me prometió que iba a quedar como nueva, como lo hizo con el resto de mis prendas, porque nunca había lavado una. La bolsa de dormir, mis mantas, mis pantalones y mi campera no son ningún desafío.
