Mis analogías, mis metáforas en torno a mi enfermedad –eso de que voy cuesta abajo sobre un par de esquíes– me han hecho acordar de la montaña de Gesunda. Aquellos días en un centro de esquí con el lago Siljan y los bosques de Dalecarlia como telón de fondo, hace más de 20 años, perduran como un recuerdo luminoso. Aunque mi esposa y mis hijos, esquiadores avezados, estuvieran un poco aburridos de mí.
Yo estaba como obseso con “La vuelta larga”, una pista para principiantes que desde la cima de ese cerro de apenas 500 metros de altura, bajaba rodéandolo con una excepcional suavidad. Era una pista como hecha para mí, y un perfecto ejemplo de lo que ahora necesito para salvarme en mi pesadilla. Allí, en esos días, creo que mi familia, caminando a mi lado, hubiera hecho el recorrido más rápido que yo sobre mis esquíes. ¡Fueron días de gloria!
La montaña de Gesunda se levanta, verdaderamente, como un montecito dibujado por un niño. Y esa vuelta larga, era el descenso que había soñado entonces y el que anhelo ahora. El centro de esquí de Gesunda creo que cerrado hace un par de años. ¿Encontraré otro parecido, que me lleve toda la bajada hasta Argentina?
