Me debe haber seguido con la vista desde la distancia. Aunque en realidad yo no venía de tan lejos. Él no podía saberlo por que la costa tiene un recodo allí, a solo un par de cientos de metros.
Lo vi ponerse de pie en el embarcadero, en el que tomaba sol, para recibirme. Su postura impaciente junto a la escalerilla por la que yo saldría del agua denotaba curiosidad y un juvenil entusiasmo.
– “Un nadador de distancia”, constató el muchacho al tiempo que me abría paso.
– “Sí” le dije sonriente mientras me quitaba las gafas de natación y, sin más, iniciaba la caminata hacia me cercana cabaña. Sentí que me vio alejarme con el mismo interés que me vio llegar.
Ese breve intercambio seguramente perdura en su memoria. Recuerda a alguien que yo nunca fui.
