Seguramente estoy sensibilizado. Me imagino cosas. Siempre he tendido a creer que la gente me observa y saca conclusiones sobre mi persona, sobre mi aspecto. Más ahora que me siento viejo y enfermo. Y me pareció que la chica de la farmacia me miró primero con algo de sorpresa y curiosidad, y un poco de lástima después, cuando me entregó mis remedios. Estoy seguro de que pensó: “Es la primera vez que veo un mochilero con Parkinsons “.
Me imaginé que al comentar nuestro encuentro, tal vez en su cena familiar esta noche, diría algo así como “Y debía tener unos setenta años”.
Para mejorarle la anécdota, antes de dejar el local, volví sobre mis pasos y me dirigí directamente a su ventanilla. “Quiero también una cajita de Viagra”, le dije.
