Ábrete sésamo

“¡Simsalabim!”.
Con un gesto, y en realidad, sin las palabras mágicas, ya hay quienes abren puertas cerradas con llave, pagan sus cuentas, entran a su gimnasio y registran sus resultados, o tienen su tarjeta de visita. Simplemente poniendo una mano a unos centímetros de una unidad lectora.
Por supuesto no es cuestión de magia, sino de tener un microchip implantado (a menudo en ese tejido subcutaneo, algo flojo, que tenemos entre entre el pulgar y el dedo índice). Un chip que luego se puede alimentar o formatear desde el teléfono celular y puede ser leido por lectores de diferente tipo y para diferentes funciones.
Unas 3500 personas llevan en Suecia un chip del tipo RFID (siglas en inglés para IDentificación por RadioFrecuencias), con diferentes capacidades, operado en el cuerpo, en una tendencia conocida internacionalmente como “biohacking”. El antecedente más inmediato de este desarrollo son las etiquetas inteligentes para mercaderías, los chips de identificación de vehículos y animales, y los sistemas de seguimiento y monitoreo de personas.

Logo de Biohacker Summit
La cumbre del biohacking tendrá lugar en mayo en Estocolmo.

Lo que hace este desarrollo particularmente interesante, y si se quiere revolucionario, es la capacidad de interacción y especialización en la que el portador del chip puede hacer un uso autónomo del chip.
Naturalmente, este tipo de tecnología plantea interrogantes acerca de la seguridad y la integridad de los usuarios y los datos que almacenan en sus chip. Los defensores del biohacking señalan que estos dispositivos son menos vulnerables que nuestros celulares, toda vez que solo son legibles a una distancia máxima de 10 centímetros. El eslabón más débil de la cadena, no es el almacenamiento de datos o su uso específico, sino su transmisión por los sistemas de telefonía móvil o informáticos a los que se conectan.
Además de ser una sociedad altamente tecnificada, un dato relevante para explicar la popularidad y las expectitivas que el biohacking despierta en Suecia es, sin duda, la confianza de los suecos en el estado y las autoridades. Más que preocuparse por la posibilidad de un estado vigilante, los biohackers quieren incrementar el uso de sus chip, por ejemplo, para usar el transporte público sin tener que usar las tarjetas o pases actuales.

Hay que aclarar: El chip RFDI, o el biohacking, es un ámbito vecino, pero diferente, al de los híbridos o cíborgs. El biohacking facilita funciones pero no agrega capacidades o funciones como, en el caso de los cíborg, con la interacción de tecnologías informáticas y prótesis.
El dato: El 18 de mayo se lleva a cabo la cumbre biohacker de Estocolmo.

 

 

 

Chip RFDI